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Joaquim Ferrer: Pasado, presente y futuro
17/05/2016

Artur Mas y Joaquim Ferrer Hay personas que con su compromiso nos ganan el futuro. Joaquim Ferrer, que nos dejó ayer a los 78 años, era de esas. Podríamos repasar la historia y veríamos una persona comprometida al servicio de un país, Cataluña. Luchó contra el franquismo desde la clandestinidad, contribuyó a la recuperación de la democracia y la construcción del autogobierno, y defendió la soberanía de Cataluña para convertirse en un Estado. También podríamos analizar sus años más recientes y constataríamos su vocación de servicio: desde el lugar que fuera, siempre preguntaba en qué podía ayudar. Y podríamos mirar al futuro y ponerlo de ejemplo para los jóvenes del país. Su poso ahora son cimientos.

Su acento era social. Era de los que prendieron con aquella cita bíblica de "un cielo nuevo y una tierra nueva". Fundó con Josep Pallach el Reagrupamiento Socialista y Democrático de Cataluña. Venía de la tradición socialdemócrata y apostó claramente por Convergencia como partido central del país. Él representaba la idea de centro amplio, de vocación europea, que une socialdemócratas que aceptan el mercado y gente de tradición liberal que aceptan el estado del bienestar. Y esta idea, que él compartía, es más vigente que nunca: es presente y es futuro. Compartió camino político con Pere Baltà o Rafael Hinojosa, que también transitaron de la tradición socialista a Convergencia y compartieron camino intelectual con ensayos políticos conjuntos.

Joaquim encarnaba las palabras en hechos; del terreno de las ideas al de la acción. Lo muestra su trayectoria política, desde el Gobierno como conseller de cultura de la Generalitat de Cataluña; en el Parlamento, el Congreso o el Senado, o en el campo de las ideas en la Fundación CatDem. Era un hombre de cultura. Como historiador se especializó en el Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y de la Industria (CADCI) y en el movimiento obrero y sindical catalán, refutando que se opusiera a la tradición catalanista.

Presidió la Liga Espiritual de la Virgen de Montserrat, fundada por el obispo Torres i Bages. Encarnaba así las bondades de dos mundos que algunos -desde la superficialidad, y el estereotipo- han intentado enfrentar. Congeniaba dones, valores sociales y espirituales. En una entrevista en Catalunya Religió calificaba el Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Juan XXIII, como "una puerta de esperanza" y, coherente con sus ideas, aseguraba que durante el franquismo repartía la encíclica Pacem in Terris de Juan XXIII con el mismo dinamismo que los panfletos clandestinos en contra de Franco.

Para él, Cataluña debía ser una sociedad incardinada en "el civismo del siglo XXI". "Nuestro gran objetivo es el mundo global, y el civismo debe hacernos útiles en el mundo entero, un mundo que sea cercano e interrelacionado, globalizado fruto de los intercambios comerciales pero también en el intercambio ideológico" decía, y remachaba añadiendo que "el civismo es la alternativa al fraude, a la opresión, a la resignación y a la pasividad. El objetivo del civismo es conseguir un mundo más justo para todos. El civismo nace en cada persona y cristaliza en cada pueblo".

Nos debemos a su legado político, social, espiritual y cívico. El mejor de los honores es transmitirlo a las futuras generaciones del país. Se mojaba y era coherente. Hacía que sus palabras se encarnaran en su vida. Su camino fue pasado y, hasta ayer, presente. Que su trayectoria sea futuro también depende de todos nosotros. Lo haremos por ti, Joaquim.

Obituario escrito por el MHP Artur Mas i Gavarró con motivo de la muerte de Joaquim Ferrer

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