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La Fundación Paco Candel presenta 'El gran dolor del mundo'
06/06/2017

Mesa de presidencia (de derecha a izquierda): Fernando Parejo, director de la Biblioteca Francesc Candel; Pere Baltà, presidente de la Fundación Candel; Jaume Guillamet; Anna Caballé y Gabriel Jiménez. (Foto de Rafael Vidal) "Candel tal cual". "El testimonio más auténtico de Candel". "La crónica de una época y, sobre todo, de su gente". Son algunas de las declaraciones que pudieron sentirse en la presentación de El gran dolor del mundo (Debate, 2017), una antología del dietario que durante más de 30 años (1944-75) redactó el escritor de La Marina. Pere Baltà, presidente de la Fundación Paco Candel, presentó un acto que contó con las intervenciones de Jaume Guillamet (catedrático del departamento de comunicación de la UPF) y los editores Anna Caballé y Gabriel Jiménez.

Es difícil resumir una obra memorialista que en su versión original se alargaba hasta las 2000 páginas, pero los ponentes supieron repartir bien el juego para exponer las principales vertientes de esta gran obra candeliana. Prologando las ponencias, Baltà confesó: "Es muy agradable ver que la universidad, un ámbito que Candel tenía vetado, se ha acercado a él". En esta línea, destacó que actualmente había doctorandos en Cataluña, Alemania y Francia que estudian su figura y que las publicaciones póstumas que se editan cada vez tienen más eco en los medios de comunicación generalistas.

Reconocido estudioso de la historia del periodismo catalán, Guillamet destacó el papel de la censura en la escritura de Candel: "Los ocho primeros libros que edita, probablemente los más celebrados, son anteriores a la liberalización de la Ley de Prensa e Imprenta promulgada por Fraga Iribarne". Según el profesor de la Universitat Pompeu Fabra, el gran Candel se gesta y proyecta durante la dictadura, en unas condiciones muy distantes a ser óptimas: "En el dietario se desahoga de las dificultades que la censura le provocaba". Allí también están recogidas las negociaciones con los editores para sopesar los límites de la concreción que la censura era capaz de aceptar. Guillamet concluyó su intervención recomendando la lectura de El gran dolor del mundo para entender la transformación acelerada de un barrio, la precariedad en los suburbios donde vivía la nueva inmigración y las convulsiones de un país que volvía a alzarse contra el régimen. El carisma de Candel, capaz de relacionarse con una gran cantidad de personas, le permite hacer un fiel retrato de todo el espectro ideológico, que desde la clandestinidad, se opone frontalmente al franquismo: desde el movimiento obrero comunista al catalanismo católico.

¿Qué pensaríamos de la obra candeliana, sin embargo, si ignoráramos el irrenunciable compromiso social que caracterizó su vida? Caballé destacó las virtudes del dietario desde una perspectiva literaria. La directora de la Unidad de Estudios Biográficos destacó que los dietarios eran un género difícilmente clasificable, en la medida en que muchas personas lo practican. Sin embargo, enfatizó que no son tantas las que deciden hacerlo durante toda la vida, empujados por la voluntad de dejar una huella tras su muerte. Y Candel era uno: "Un dietista nato y excepcional para quien cada experiencia era una aventura". A diferencia de la mayoría de dietaristas, destacó Caballé, "el yo de Candel no monopoliza toda la narración. Da entrada a todo el mundo (...) Contra la pomposidad que caracteriza la literatura española, busca un estilo más cercano y directo". En El gran dolor del mundo recurre continuamente a la descripción del sufrimiento humano.

Candel se expone a las desigualdades, apuntó Gabriel Jiménez, desde una óptica existencialista: "Es un hombre que quiere creer, pero no puede". Ni la razón ni la fe le proporcionan las herramientas suficientes para entender las injusticias del mundo. Una ambivalencia eterna que le atormenta y obliga a replantearse continuamente el sentido de la vida, el paso inexorable del tiempo y la presencia inevitable de la muerte. En esta cosmovisión, Candel concibe la escritura como una fuente de resistencia no sólo ética, sino también política: "En el transcurso del dietario, Franco mantiene una presencia fantasmagórica". Cuando debe comenzar a escribir una nueva libreta desea fervientemente que en esta pueda explicar allí su muerte; cuando la termina, maldice no haberlo podido hacer. En El gran dolor del mundo, concluyó Jiménez, se capta el amor infinito "de un persona que sentía un gran aprecio por la humanidad y un gran odio por los autoritarismos". El material del que están hechos los grandes hombres, y que por fin, cuarenta años más tarde de su redacción, podremos disfrutar con deleite.

Noticia publicada originalmente en el web de la revista Tornaveu

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Vista general de la salaAnna Caballé firmando libros

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