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Josep Maria Puigjaner - Abril de 2016
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Paco Candel: retrato en clave de patria

Josep Maria Puigjaner

Este texto de Josep Maria Puigjaner Matas se encontraba en proceso editorial, para incluirlo en la colección de Fulls Candelians, cuando nos enteramos de la muerte del autor. Escritor y periodista, Josep Maria Puigjaner, ha sido calificado por los que le querían como "hombre de gran bondad, sabiduría, fe y país, que ayer día 20 de abril inició el camino de la trascendencia cristiana, jesuítica y teilhardiana que cultivó en vida". Desde la Fundación Paco Candel, que contó a menudo con su colaboración, no podemos más que ratificar esta sintética definición de una vida dedicada de forma brillante al periodismo y al análisis social.

Te fuiste, Paco, con la ligereza del viento de un día de noviembre. Eras un hombre de planta ligera, escondido siempre bajo una capa de timidez y de modestia, pero cada palabra tuya llevaba el sabor de la bondad, un poco sazonada de ironía, y llevaba el peso de la convicción y de la certeza. Eras persona de alma fuerte, que sabía el lugar que debía ocupar y el papel que tenía que desempeñar como ciudadano de este país.

Ya debes saber que la iglesia de la Virgen del Puerto estaba llena a rebosar. Éramos muchos los que queríamos darte el último saludo. Allí estaban los tuyos, los de toda la vida, la gente de tu barrio de Can Tunis. Allí había -no podían faltar- representantes de las diversas opciones políticas catalanas. No sé qué pensarían de ti, pero los miraba y creo que todos manifestaban un aire de reconocimiento hacia tu persona. Sé de uno, sin embargo, que estaba allí empujado por una amistad profunda. Me refiero a Jordi Pujol, que fue el primero en creer que tú has sido un hombre importante para Cataluña. Ya sabes que el Presidente de la reanudación estuvo siempre atento a los que, viniendo de fuera, han tenido la generosidad de identificarse con este país.

En la iglesia de la Virgen del Puerto, entre parlamentos y homilías, se escuchó la palabra patriota. Sí, Paco, tu eres un patriota de nuestra "vieja, cobarde, desgraciada y tan salvaje tierra", evocada por Salvador Espriu, que tú y todos nosotros queremos con un desesperado dolor. Un patriota que sabía que el sentimiento radical de pueblo es un sentimiento profundo, no negociable y no sustituible por ningún otro. Todo esto lo adivinaste mientras escribías aquella memorable obra que ha quedado fijada para siempre en la memoria de Cataluña: "Los otros catalanes". Eran los años sesenta, aquellos años en que el régimen del general resistía con displicencia las acometidas de los disconformes y muchas personas temían ser acusadas de desafectos al orden imperante. Tu libro fue una campanada impresionante. Desde entonces empezamos a comprender cuál era la realidad social y cívica de este país. Nos dimos cuenta de que todos éramos Cataluña, que todos -los unos y los "otros" - estábamos llamados a realizar el mismo trabajo: poner Cataluña en pie. Tomamos conciencia de la complejidad de la situació colectiva y de la ardua tarea que se nos presentaba delante. Leyéndote, sin embargo, supimos que no nos teníamos que deprimir y que no era lícito desistir ni dejarse caer en el derrotismo. Tú nos hiciste ver que la gente que había venido de distintos rincones de la Península, empujados por el legítimo deseo de mejorar su calidad de vida, estaban aprendiendo a amar este país, que poco a poco irían conociendo sus carencias y dificultades, y que serían muchos los que finalmente se comprometerían a su recuperación.

Nos lo decías con el deseo, pero tus palabras tomaban el aire de un presagio prometedor: "Bien podría ser que en el curso de las dos generaciones venideras la catalanidad pasara a manos de estos" otros catalanes ". Te diré, Paco, que en esto estabas de acuerdo conmigo en la convicción de que la tierra tiene más fuerza vital que la propia sangre y, por tanto, añadías: "de esta tierra noble, fuerte y renovadora que es Cataluña dimana una savia tremenda de libertad y al mismo tiempo una formidable atracción que se vuelve fanática afección hacia ella. Estos otros catalanes se verán llamados a una curiosa tarea: la revalorización de la novísima Cataluña. Y Cataluña se habrá salvado una vez más ".

Cuando al terminar la ceremonia de tu despedida volví a casa, me di el gusto de releer el prólogo de aquel librito -¿lo recuerdas?- que escribimos a cuatro manos con mi mujer, Adriana, madrileña de nacimiento y catalana de adopción, clara representación de los "otros" catalanes. Era un resumen de iniciación en el país, ilustrado por Pilarín Bayés, que titulamos "Ser catalán, ¿qué es eso?". Tú decías que era un libro adecuado para quienes habían llegado de fuera y que los ponía en la pista de lanzamiento para convertirse en catalanes. Y, por si fuera poco, avala la utilidad de ese trabajo "desde la perspectiva de tu propia experiencia".

Quiero ahora recordar -tú ya lo sabes, pero muchos lo ignoran- que la semilla que dejaste plantada en aquellos años de prohibiciones, de mentiras oficializadas y de ahogo sistemático, dio frutos frondosos. Los "otros catalanes" evolucionaron y se transformaron, como tú habías anunciado, en los "nuevos catalanes", sujetos de una tan intensa vivencia del catalanismo que causó una admiración imponente. Tú mismo tuviste ocasión de escuchar de uno de los que siguió tus huellas, Eduard Picallo, con motivo de la creación del movimiento Catalonia Acord, estas palabras: "A todas y a todos vosotros, catalanes nacidos aquí o allá, a todas las personas que sentís Cataluña como patria propia, os rogamos que hagáis de la voz individual un clamor colectivo. En nuestros lugares de origen, en todo el Estado, en Europa, en todo el mundo, digamos que Cataluña es nuestra nación y que en nuestro país sólo hay un tipo de ciudadanos, los catalanes, cada uno con sus particularidades. Todos con los mismos derechos. Todos con los mismos deberes. Todos formando Cataluña. Todos plenamente respetados en nuestras diversidades".

Otra voz que hay que considerar imbuida del espíritu que esparciste, Paco, es la de Pedro Morón de la Fuente, periodista de gran proyección en el Baix Llobregat y hombre convencido de su condición de nuevo catalán, que se ha pronunciado más de una vez con claridad y decisión sobre la falsa imagen que de Cataluña se ha difundido en algunos lugares de la geografía peninsular y ha mostrado su desacuerdo total ante las acusaciones de racismo, xenofobia e intolerancia que cierta prensa desaprensiva aún hoy está sosteniendo.

A estos testimonios que he citado se podrían añadir otros. Todos ellos son continuadores del empuje inicial que desencadenó la publicación de "Los otros catalanes". Ahora me viene también a la memoria aquella bandada de nuevos catalanes que pusieron en circulación, hace unos cuantos años, aquel manifiesto, que tú suscribiste, titulado "Nosotros, catalanes", que se expresaba en estos términos: "Reconocemos esta nación sin estado, diferenciada, y lucharemos para seguir viviendo en un país acogedor. Nos sentimos implicados en la gran tarea de seguir rehaciendo la cultura y la idiosincrasia catalana. Después de largas décadas de ser combatida, no es honesto defender que la actual situación de democracia dé por lícitamente adquiridas las ventajas que, a favor de una cultura poderosa, consiguieron las pasadas y larguísimas dictaduras ".

Este es el retrato literario que me inspiran los recuerdos de tu persona y de todo lo que significaste para nuestro país. Ya sé que faltan muchas cosas: que fuiste senador en Madrid, que se fue antes que tú la Maruja, tu mujer, que fuiste un animador de la lucha antifranquista desde una conciencia obrera exigente e inflexible, que tenías amigos de diversa adscripción política, que escribiste otros libros, y muchas más cosas. Sin embargo, piensa que no he querido hacer una entrada de enciclopedia, sino un retrato más bien íntimo que pueda dar calor a la mucha gente de este país que te quiere y que, recordándote, está más dispuesta a escuchar la voz de otro poeta de la tierra, que de seguro te resulta familiar. Me refiero a aquel Martí i Pol que nos recomienda: "Hagamos que todo el mundo sepa bien las cosas: / muy cautamente construyamos una patria, / muy cautamente y con una gran ternura; / de todos depende que sea libre y justa".

Hasta la vista, Paco, y piensa que los que de momento estamos aquí nos repartiremos gozosamente los bienes de tu preciada herencia.

Josep Maria Puigjaner
Diplomado en Humanidades Clásicas y en Periodismo,
licenciado en Filosofía y Letras y en Teología

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