Fotografia de Paco Candel y logotipo de la Fundación
Inicio La Fundación Actividad Francisco Candel Paco Candel: Catalunya, un sol poble
Actividad

» Editoriales
» Noticias
» Fulls candelians
» Observatorio social


» Català


Joan-Pere Viladecans - Junio de 2011
Descárgalo en formato PDF

El indigente

Publicado en La Vanguardia el 3 de junio de 2011

Está como siempre. En el portal de una ferretería. A la vera de un cajero. O tumbado en un umbral. Propietario temporal de una esquina. A favor de querencia. Fuera de horario. Afligido. Tierno de manos, calcetines impares y zapatos sin suelas. Somnoliento.
Encogido. Habitando el azar y la intemperie. Invierno y verano, vistiendo el mismo abrigo encurtido por la mugre y los años. Con ese lustre que da la suciedad cuando se vuelve inodora y se hace antigua, y que, en otra escala de valores, llamaríamos solera, y que en él es miseria; abandono. Cubierto con hojas de diario -¿ya leídos?-, en la segunda utilidad de los periódicos, la envolvente, la aislante. Bolsas y más bolsas, anónimas y repletas de restos de diferentes orígenes.

Rastros irreconocibles desechados por otras vidas más amables. Todo un equipaje ambulante. Lo imprescindible. Lo posible. Un día dejó a su lado, mientras dormitaba, un cartelito que con buena letra ponía: "Hoy es mi cumpleaños". Y cuando la bondad de un transeúnte le dejó unas monedas las rechazó con educación y firmeza. Con la misma severidad con la que se dirige a los niños que ronronean al pasar: "Estudiad si no queréis acabar como yo". ¿Dignidad o cinismo? ¿Lucidez o desengaño? Una obviedad a medias. Es un indigente. Un homeless, un clochard, como dirían los cursis y los distantes. En todo caso, el poso amargo de una sociedad que naufraga.

Un personaje sin literatura. Y que, como la gran poesía que crea océanos de belleza, en el fondo es también una queja y una acusación que nos interpela, que nos interroga. El indigente, los indigentes, ahogados en su exclusión nos hablan, queramos o no, de nosotros mismos. Hablan al hombre del propio hombre. De cómo la supervivencia se superpone a los recuerdos y a la norma. De cómo las circunstancias, personales y colectivas, influyen para que seamos más que nuestro destino. O menos. Pasamos por el lado de un menesteroso y miramos sin ver. Querríamos no ver porque lo que no se ve no existe. Una vergüenza atávica nos trastabillea. Los de la fascistofilia los atacan, la buena gente se turba. En todo caso, algo nos dice que, cuando se organizó el mundo, su existencia no estaba prevista. Algo nos culpabiliza. Y de todas las invenciones humanas la culpa es la más dolorosa. La más tortuosa. La más inevitable.

Joan-Pere Viladecans, pintor.

Enviar a Delicious Enviar a Digg Enviar a La Tafanera Enviar a Menéame Enviar a Facebook Enviar a Twitter

Fundación Privada Paco Candel - info@fundaciocandel.org - Acerca del sitio